31 julio 2007

¿Cuál es la mejor copa para el cava o champagne?

Mas de una vez nos habremos preguntado sobre cual es la mejor copa para servir el vino espumoso: ya sea cava, champagne, spumanti o sekt. Pues bien, actualmente existe en el mercado una gran variedad de ellas.
Pero,
¿Cuál es la mejor para disfrutar plenamente de las características organolépticas de estos vinos?De forma general, y para empezar, se recomienda que las copas para cualquier vino sean de cristal fino, sin tallar y de color transparente. Lejos quedaron aquellas copas verdes, o azules, de cristal grueso y tallado. En segundo lugar, la forma de la copa debe respetar e incluso resaltar las características organolépticas de vino que va a contener.
De esta manera, nuestra copa ideal para espumoso debe contener las burbujas de forma natural, sin acelerar ni frenar en demasía su efervescencia; debe respetar la temperatura de servicio, evitando calentamientos rápidos del producto; favorecer que los aromas se liberen y, por supuesto, debe dejar espacio para que nuestra nariz pueda percibirlos.
La primera de las copas que ya casi queda descartada desde hace unos años es la llamada Pompadour. Dicen que fue diseñada a semejanza de los senos de la amante de Luis XV, madame Pompadour, en la Versalles del siglo XVIII. Sea como fuere, una copa sin interés enológico. El gas se escapa, el vino se calienta y es casi imposible apreciar cualquier aroma en esa gran obertura.
El siguiente paso es el otro extremo. La flauta, larga y estrecha. Mantiene bien la espuma y la temperatura, pero no hay manera de oler nada. Puede ser una buena opción para ofrecer un aperitivo fresco y alegre. Sin más pretensiones. Pero, sin duda, no es la mejor forma de saborear un buen champagne.
La tendencia actual se encamina hacia copas con un diseño intermedio entre las dos primeras: la tulipa. Partiendo del modelo flauta, se ensancha la base para permitir al vino expresarse sin perder temperatura. De la misma manera, se vuelve a estrechar la boca para que los aromas se concentren y el carbónico no es escape.
De esta forma queda espacio para que nuestra nariz capte todos los aromas que el vino libera y podamos degustarlo en su punto de temperatura y con el carbónico bien integrado.

via: Directoalpaladar.com