17 abril 2009

Una etiqueta para proteger el vino español de la piratería

Situación cada vez más frecuente en el mundo: un consumidor descorcha una botella de vino de Burdeos o de Rioja y para su sorpresa, es falso. No hay cifras exactas, pero Pierre Delval, asesor antifraude del Consejo de Europa, calcula que el 30% de los vinos que se venden son falsificaciones. China, por ejemplo, reconoce que el 70% de los vinos de importación que se sirven en restaurantes de las grandes ciudades no son auténticos. Tan sencillo como reproducir botellas etiquetadas, rellenarlas con vino comprado a granel en Nueva Zelanda y venderlo a mayoristas. Es un caso auténtico que sucedió en Japón y que estuvo a punto de costar la quiebra a un productor de la región francesa de Saint Émilion.
España, que acaba de convertirse en el segundo exportador de vinos de mesa envasados del mundo, es uno de los países amenazados por el fraude. Sus tintos de gama media -especialmente los Riojas- son, junto con los de Burdeos, los más falsificados. Igual que los brandys, que con el champán y el coñac, completa el podio de bebidas más pirateadas.
España es el único país de la UE que reconoce el vino como alimento, lo que unido a los avances en calidad y su potencial comercial hacían atractivo el proyecto, explica Mariano Rubio Donate, vicepresidente y consejero delegado de SICPA España. La multinacional suiza, que invierte el 30% de sus recursos en investigación y desarrollo, apuesta fuerte por el CTOV, que necesitará una inversión de 30 millones de euros en los próximos tres años. El sistema de seguridad cuenta con el respaldo de la Federación Española del Vino, organización que representa el 70% de los productores en España.

Blindados contra el fraude

No es una etiqueta de seguridad más, es el medio para que cualquier persona tenga garantías de que el vino que va a consumir es el que espera, señala Pierre Delval. Las medidas de seguridad de la etiqueta permitirán apreciar a simple vista si el producto es genuino o no, gracias a una imagen de óptica variable similar a las que utilizan los billetes de banco para su identificación. En un segundo nivel de seguridad, incorporará un filtro polarizado que permitirá el cambio de color de dorado a verde. Además, la empresa entregará un certificado de análisis sensorial y físico químico de las características del vino que se pueden identificar y servir de prueba (el CTOV colaborará en este apartado con el Equipo Team).
Ese análisis llevará un número registrado en la contraetiqueta con el código de barras, por el que el gran público podrá acceder a través de internet a la información necesaria para conocer las características del vino, así como los elementos de seguridad que porta el sello de garantía para asegurar su identificación.
Este número está ligado a un código invisible -la compañía baraja la posibilidad de hacerlo visible- y encriptado que queda activado en el momento en que el vino es embotellado.

Vía: Cinco días
Más información: SICPA