29 junio 2009

El final del vino ¿Largo o corto?

Se llama final del vino a la impresión que produce cuando se traga. Además, en general, incluye las sensaciones que siguen directamente al momento de tragar, que también se puede denominar longitud. Es un conjunto formado tanto por las impresiones percibidas por el gusto, como las aromáticas. El estilo y la cualidad del final, así como el tiempo que el sabor permanece en el paladar, dependen del tipo de vino, de su calidad y concentración. Y estos parámetros, a su vez, dependen de la variedad de uva, el terruño, el grado de maduración de las uvas y el método de vinificación y elaboración. Técnicamente es posible «configurar» el final de un vino, influyendo en su concentración, en el alcohol, en la acidez, en los taninos... No obstante, un vino menor, en cuanto a calidad, por mucho que se le manipule nunca se convertirá en un vino con un final digno de ser recordado.
¿Cómo detectar que el vino que nos venden no hizo «guardia» días pasados, sin saberlo nosotros, en un escaparate?
Si rezuma, la cápsula está abombada (es decir, corchos que sobresalen de la botella), si la etiqueta tomó un color apagado y el líquido ha mermado (si ha estado de pie se sabe porque deja una huella adherida encima del nivel del líquido), son síntomas inequívocos de su mala conservación y, posiblemente, de su paso prolongado por un escaparate. Será un indicativo de que el vino ha sufrido grandes cambios de temperatura.