13 junio 2007

Cavas Rosados: La Diferencia del Color.....

En los últimos años la elaboración de espumosos se ha extendido por toda la España enológica hasta el punto de que hoy prácticamente en la mayoría de las comunidades autonómicas se puede brindar con burbujas locales. Pero entre todos ellos el cava se erige sin duda como el espumoso español por excelencia.
Pero faltaba la guinda del espumoso rosado. En España este tipo de vino no ha tenido el mismo éxito que en Francia, sobre todo en Champagne, donde hay rosados capaces de medirse con los grandes blancos. Afortunadamente desde hace unos años el sector se ha animado a elaborar este tipo de vinos, muchos de ellos con fortuna. Tanta que, para este número, ya enfilando las fiestas de Navidad y Año Nuevo, hemos hecho una elección de los mejores espumosos rosados. Entre ellos hay una abrumadora mayoría de cavas, tanto de las grandes empresas como de los artesanos, los que todavía siguen degollando a mano porque utilizan corchos naturales para fermentar, reposar y criar la botella largos años en rima. También los hay que elaboran excelentes vinos apoyándose en las más adelantadas tecnologías. Fuera de esta D. O. Cava, muy pocos se atreven a jugar o experimentar con las burbujas de color. Al menos de momento.
El varietal que viene del frío
Llega a nuestros espumosos la variedad Pinot noir. Llega rodeada de expectación y esperanza. Por ser la cepa tinta más noble que compone el trío componente del champagne, se piensa que aquí en nuestros calurosos campos puede dar el mismo resultado, o al menos parecido. Es posible que se logren frutos provechosos, hoy a la ciencia no se le resiste nada, aunque se debería tener en cuenta que esta enigmática variedad no se adapta fácilmente a otros terrenos y, sobre todo a otros climas, que no sean de su total agrado. Ya hay ejemplos de que es posible obtener buenos vinos, siempre que se realice un magnífico trabajo y años de estudios. Codurníu ha conseguido un buen cava con Pinot. Su plantación en Lleida es de las primeras en la península que acogieron a esta cepa. Y se aprecia muy bien que la experiencia es todo un grado. El vino es expresivo y sus propiedades resaltan los aromas de la variedad. Del cava que elabora Recaredo se percibe el buen cuerpo (en boca tiene alma de tinto) y la armonía de su crianza. Si juzgamos los resultados, bien parece que Gramona ha estado trabajando con Pinot noir toda la vida, porque en su cava resulta muy refrescante y equilibrado., como la tirada limitadísima de Albert de Vilarnau, que lleva la fruta clásica en la nariz. También son de resaltar Juvé y Camps, María Casanovas, Parxet, Roura, Naveran, Albet i Noya…
Rosado con otra dimensión
Pero no solo de exotismo vive el catador. Nuestros espumosos rosados, a pesar de la poca experiencia, en general, pueden pasar la reválida con un notable. Las tres variedades autorizadas, Garnacha, Monastrell y Trepat son capaces de ofrecer vinos expresivos si se les trabaja con acierto. Los más tradicionales elaboradores saben bien de ello, como Castillo de Perelada, una de las marcas veteranas en esta aventura del rosado. También Can Ràfols ofrece la versión poderosa del rosado desde hace años. En contraste, Castell Sant Antoni propone un cava con larga crianza, unos cinco años. Una de las pocas casas que hacen cava dulce es Parxet, una buena propuesta para la tarta y los pastelitos de nata. Hay que animar a los cavistas de fuera del llamado «País del Cava», esto es, el Penedès y aledaños, incluso a los que sin pertenecer a esta denominación elaboran espumosos, a introducir en sus catálogos la variante rosada de la espuma. Como Dominio de la Vega, que sigue su marcha ascendente. Su cava blanco es uno de los más equilibrados y finos de la D. O. Y este novedoso rosado sigue fiel a su estilo. Y por último hablaremos del espumoso de Castilla y León, Palacio de Bornos, el único que hemos encontrado fuera de la Denominación de Origen Cava.
Es un vino fácil, goloso, con fresca acidez y sin complejos. En fin, hemos encontrado y catado casi cincuenta espumosos rosados, un color que prudentemente va tiñendo nuestra mesas. Una nueva modalidad de espumoso con la que desear ventura para el año próximo en un mundo de futuro tan incierto. Si es imposible cambiar el color de nuestras vidas, también los es cambiar el color de nuestros brindis.