12 junio 2011

#Maridaje Como casar #Vino y Comida?

¿COMO CASAR VINO Y COMIDA?

Verduras. Para acompañar las verduras se puede optar por un vino blanco, joven o de crianza, o un tinto ligero. Con la menestra van bien los tintos afrutados. Las verduras a la plancha casan bien con vinos ligeros, blancos o rosados, y las aderezadas con bechamel, por ejemplo, con blancos sin crianza y tintos jóvenes de tempranillo.

Carnes. Para las rojas (entrecot, chuletón, solomillo) se recomienda un tinto o reserva bien elaborado, robusto, potente y concentrado. En el caso del cordero, cochinillo o cabrito se aconseja utilizar un tinto (tempranillo, garnacha, cabernet) con una crianza en barrica prolongada. Y un consejo a tener en cuenta: si se cocina una carne con un vino es prefe- ible utilizar el mismo tipo de vino que se beba.

Postres. Los vinos dulces son ideales para acompañar los postres a base de frutas o nueces. Las tartas y postres elaborados con cremas se saborean mejor con vinos rosados semisecos. Para los típicos pasteles y postres a base de chocolate se recomienda un blanco meloso, o bien un vino dulce natural y licoroso como un oporto.
En el arte de combinar platos y vinos, para lograr una comunión de aromas, texturas y colores, existen ciertas pautas pero el gusto personal y la experiencia son siempre buenas guías.

Pescados y mariscos. El pescado no siempre ha de maridarse con un vino blanco. Para los pescados guisados en suquet, blancos de chardonnay, y para los cocinados al horno (lubina, dorada, salmón...), albariños, tintos jóvenes frescos o chardonnay con madera. Los pescados consistentes se pueden combinar con un tinto joven. Para el pescado a la parrilla van bien los blancos secos y ligeros y para los ahumados el riesling. Si es pescado crudo (sushi) se sirve con blancos jóvenes y si es azul (sardina, bonito, atún) con vinos rosados o un tinto joven. Para acompañar los mariscos en general (langosta, ostras...) mejor un blanco seco, para los cangrejos un sauvignon blanc y para los moluscos guisados tintos jóvenes de tempranillo o chardonnay sin crianza.

Aves. El pollo y el pavo son carnes blancas y neutras que casan con diferentes tipos de vino. Si se preparan con un sofrito lo ideal es un tempranillo, preferiblemente un semicrianza. Cocinados con salsas, es mejor tomarlos con un vino con más cuerpo, un reserva de cabernet sauvignon o un merlot. Sazonados con limón y hierbas aromáticas, la elección ideal es un blanco chardonnay joven y fresco, y con una adecuada acidez. El pato y la oca, al ser grasos, necesitan blancos frescos de consistencia y fermentados en barrica, como rieslings, y también tempranillos, pinots noir o merlots si van acompañados de salsas agridulces. La caza (perdiz, codorniz…) al ser una carne más fuerte y gustosa casa con tintos de crianza no muy potentes.

Las siete tentaciones
El maridaje llega a su máxima expresión cuando se trata de resaltar y potenciar el sabor del vino combinado con estos siete productos ‘delicatessen’.

Queso. Un tinto crianza de tempranillo, ull de llebre, garnacha o syrah resalta su degustación, así como el jerez seco y añejo.

Ostras. Para degustar plenamente su sabor deben acompañarse de blancos jóvenes de pinot blanc, sauvignon blanc y xarel·lo.

Chocolate. Los tintos dulces de monastrell y garnacha y el vino dulce, como el jerez añejo o el oporto, casan bien con cualquier postre elaborado con chocolate.

Jamón. Tintos jóvenes de maceración carbónica o de semicrianza (con tres o cuatro meses en barrica) o un jerez seco son el complemento ideal para disfrutar de un buen jamón.

Bogavante. Para acompañarlo, nada mejor que un buen vino blanco seco de pinot blanc o bien un ribeiro o albariño.

'Foie'. Potenciar el gusto de este manjar es lo que consiguen los vinos blancos suaves de crianza tardía (de riesling, sauvignon blanc o gewürstraminer), así como los vinos dulces licorosos.

Trufas. Un gran tinto reserva de merlot o un rosado de sabor suave complementan a la perfección la cata de este hongo tan preciado.